Sé lo que “tuiteasteis” el último verano

Cada día son más las personas que desarrollan dos identidades de una misma vida consiguiendo  que su yo real y su alter-ego virtual coexistan en paralelo. El yo real, actúa en un escenario material de carne y hueso, mientras su alter-ego virtual lo hace en un entorno etéreo e intangible a primera vista, localizado en plataformas y redes sociales desarrolladas en modo web. La segunda es una realidad definida como 2.0, quien ha bautizado a la primera como 1.0, como si de un estadio evolutivo preliminar se tratase.

Las empresas, ubicadas más o menos placenteramente en la ladera de la montaña se enfrentan a una avalancha imparable, ven desde su enclave en el valle como una ingente cantidad de nuevas experiencias  se precipita sobre ellas, apenas sin capacidad de reacción hasta no hace mucho tiempo. Sin embargo, como elementos organizativos vivos, las empresas están respondiendo a los cambios rápidamente y en muchas ocasiones, cada vez más, sacándoles partido en su favor.

Las personas, me referiré a ellas en su rol profesional de “candidato” – por el contexto hacia el que dirijo esta entrada – están aprendiendo rápidamente a desarrollar y potenciar esa realidad 2.0 a través de la web. Una persona, por ende, un profesional, ya no es tan solo ella y su circunstancia, sino ella y su avatar o su yo virtual. En el marco de esta nueva realidad, los profesionales hacen, dicen, interaccionan, contactan, muestran, producen todo tipo de información, opiniones, contenidos, imágenes, e incluso sensaciones y sentimientos; es por lo tanto una vida plena que se vive con mayor o menor intensidad, al igual que en la vida real (1.0) y que deja una impronta y una huella en todas las plataformas y entornos virtuales en los que se existe.

Por su parte, las organizaciones, al menos las que ya han hecho la lectura correcta de la relevancia que esta realidad 2.0 ha adquirido, han comprendido que la existencia virtual puede aportar generosa información sobre la personalidad, destrezas, habilidades y estilo de relación de un profesional. Cada vez son más los empleadores que exploran el plano virtual de un potencial empleado llevando a cabo un “screening” intencionado de la actividad de este en su otra realidad, la, a priori, no tangible.

Llegados a ese punto, se abre el debate de hasta qué punto puede relacionarse la existencia virtual de una persona con su vida real profesional. Surgen preguntas como: ¿Puede establecerse una correlación clara entre las credenciales que un profesional presenta (cotejables en base a sus experiencias reales) y las interacciones y destrezas que parece presentar en el entorno 2.0? ¿Es legítimo desestimar una candidatura por la opinión que pueda arrojarnos la actividad virtual de ese candidato?, ¿Dónde se encuentra el límite entre la vida privada virtual y la vida profesional real?

Mientras el debate se desarrolla con diversidad de opiniones y sin saber si existe un único o varios planteamientos válidos para abordar la cuestión, conscientes del más que presumible “screening” de información que se llevará a cabo, los profesionales estén o no inmersos en un proceso de cambio o búsqueda no pueden pasar por alto los siguientes aspectos:

–   Las credenciales han dejado de estar presentes de forma exclusiva en el curriculum vitae y  en las referencias físicas que puedan aportarse por parte del propio candidato.

–  El perfil profesional es un todo conformado por las experiencias atesoradas en otras organizaciones y reflejadas en el tradicional CV, junto con la actividad virtual desarrollada en las principales redes sociales del momento: Facebook, LinkedIn, Twitter, Google +, Blogs personales/profesionales, por citar solo las más significativas.

–  Cada movimiento virtual puede ser rastreado y utilizarse por lo tanto, para rechazar o validar las opciones hacia una candidatura determinada.

–  Los “check-in” que realicemos a través de las correspondientes aplicaciones permitirán incluso “rastrear” nuestra ubicación y aportaran información sobre el “dónde existimos” en el entorno real.

–  Las imágenes que adornen nuestros perfiles públicos generarán una opinión inmediata sobre nuestro comportamiento, nuestros hobbies, nuestras amistades y nuestros gustos o preferencias.

–  Las herramientas existentes que miden el nivel de influencia virtual permiten catalogar en que campos se nos considera un referente por parte de otros usuarios en redes.

–  La presencia en foros, comunidades, grupos de interés, suscripciones, y las opiniones que se vuelquen en ellos apuntarán y señalarán cuales son nuestros intereses profesionales, pero también hablará de nuestras preferencias privadas.

–  Las ideas expresadas en modo “tweet”, “Share”, “posts”, “me gusta” “actualización de perfil”, etc construirán una reputación virtual ineludible, convirtiéndose en una poderosa y generosísima carta de presentación de nuestro comportamiento.

–   Los vínculos establecidos en modo de “contacto directo”, “follower, o “fan” servirán para definir la coherencia de nuestra red de contactos, permitiendo el análisis de la pertinencia de la misma con nuestra actividad profesional, el grado de homogeneidad/heterogeneidad de nuestra red e incluso la  geolocalización del network, entre otros aspectos.

No es mi objetivo en este post juzgar la pertinencia o no de la labor “investigadora” o el ejercicio de “voyeurismo” que llevan a cabo en la actualidad e incrementarán en un futuro inmediato los empleadores; tampoco pretende que sea entendido como un toque de atención hacia nadie. La libertad de expresión y opinión debe prevalecer por encima de cualquier otra cosa, pero las empresas también harán uso de esa misma libertad, de juicio en este caso tras el correspondiente análisis de nuestra huella virtual.

Por lo tanto, es preciso qué, cómo profesionales, seamos conscientes de que nuestros “avatares” tienen intersección con nuestra realidad profesional y personal en el entorno 1.0 y que las organizaciones y buscadores de talento rastrearán nuestro comportamiento virtual en todas sus dimensiones. En definitiva, aunque pensemos en que nuestra huella virtual es efímera y volátil, esta, sin embargo, permanece y siempre se sabrá lo que “tuiteamos” el último verano.

7 Comments

  • Elena says:

    Muy acertado tu post, Andrés, me ha gustado mucho.

    Quien no tenga esto claro a estas alturas, es un iluso -o un inconsciente. Por otro lado, quien se muestra como es real y virtualmente, no debería tener nada que temer. Quizás tan solo al riesgo de que quien interprete su 2.0 y lo traduzca en 1.0 en el puro sentido profesional, se equivoque de pleno. Porque hay habilidades, opiniones, defectos y virtudes personales que no son necesariamente útiles o aplicables al terreno profesional, ni interfieren en éste.

    Solo espero que el futuro en estas herramientas de selección no conlleve un aumento masivo de auténticos Jekyll y Hyde en las redes sociales, por el miedo a no mostrarse libremente ni ser uno mismo, o a que las personas opten por no expresarse y no estar, perdiendo ambas partes una oportunidad de conocerse.

    Un saludo y feliz día de Reyes!

    • Gracias Elena,
      Efectivamente, no debería haber nada que temer. Tan arriesgado es una actitud llamemos “no ética” en el plano real como en el plano virtual. Una no cuenta más que la otra, simplemente que nuestra actividad en redes nos hace visibles ante un potencial público mucho mayor que con el que nos relacionamos en nuestra vida 1.0.
      Un saludo

  • Critic@ says:

    Me parece demasiado patético que se indague en la vida privada de las personas para desestimar un candidato a un puesto de trabajo… Lo que haga en una empresa es muy distinto a lo que hago como individuo dentro de la sociedad, así como no me tomo vino o cañas mientras como en mi puesto de trabajo, cuando salgo si lo hago. ¿Esto en que me convierte? en un alcohólico 1.0???
    Y si soy una señorita que por las noches baila en una discoteca? o pone copas en una discoteca? por este motivo no soy valida para ser una gran trabajadora o empresaria? mientras no afecte mi rendimiento “a ti” que te importa lo que haga cuando cruzo tu puerta y tus normas y salgo a la calle?
    Sin más dilación, estas personas en mi opinión son RACISTAS, ¿a qué grado vamos a llegar? ¿también querrás ver mi árbol genealógico y mi libro de familia?¿quieres ver como tengo la casa para contratarme a un puesto?…

    Por favor, gente de recursos humanos, evitemos que esto se nos vaya de las manos… que lo unico que queda es el factor humano… ese gran olvidado

    • He omitido voluntariamente mi opinión personal al respecto a lo largo del post. Me he limitado a evidenciar una tendencia que va “in crescendo” y es que es una realidad que nuestras actuaciones y presencia virtual está siendo y tenderá a ser más observada. A partir de ahí, cada empleador deberá de sopesar en que medida lo que observe o aprecie acerca de un potencial candidato en su vida virtual impactará o no en la decisión de contratación. Entiendo que habrá empresas que le darán poca o ninguna importancia y otras que le otorgarán un peso más significativo, pero eso el profesional de turno que se encuentre en el proceso no lo sabrá. Esta entrada dibuja una realidad contrastada, pero serán las personas-profesionales dirigiendo su comportamiento en 1.0 o en 2.0 y los empleadores (con personas detras) para atribuirle mayor o menor relevancia quienes tengan la última palabra.
      Creo que no son solamente la gente de RRHH los que pueden evitar que esto se vaya o no de las manos, sino una responsabilidad compartida por todos los miembros de la organización. Será precisamente el área de RRHH quien deba guiar el entendimiento de esta nueva cultura, pero no será la responsable unilateral de todo cuanto suceda entorno a ella.
      Un saludo

      • Elena says:

        Al fin y al cabo, esto que ahora llega al terreno profesional, ya lleva años “quemándose” en el personal. Y si no decídme cuántas falsas personalidades existen, desde que existen las redes sociales, los chats, etc, se han creado y cuánto daño han hecho, en el mejor de los casos a sí mismos. Racistas hay dentro y fuera de la red, será el mismo perfil de persona casi con seguridad.

        Yo me acojo al “face to face” para EMPEZAR a ver a una persona tal cómo es; esto de internet es tan solo un medio para conseguir esa reunión en mayor o menor medida.

        • Hola Elena,
          Estoy de acuerdo, las redes sociales no dejan de ser un medio que llevado al plano profesional debe utilizarse para alcanzar el “face to face”, dónde las apariencias tienen una duración mucho más efímera que en modo virtual. Sin embargo, aquellos profesionales que creen una mejor imagen en redes generarán más alternativas para realizar contactos o materializar su reputación virtual en oportunidades o negocios reales. A partir de ahí, su desempeño dirá el resto por encima de la imagen proyectada en 2.0
          Habrá profesionales excepcionales que decidan no cuidar su imagen en entorno virtual, será una decisión tal lícita como hacerlo, pero es probable que dados los canales de identificación de talento y reclutamiento virtual ya activos, su “ausencia” en redes o su “descuidada reputación virtual” les abra menos puertas que a aquellos que decidan trabajarlo un poco más.
          Un saludo

  • Critic@ says:

    Me parece muy acertado lo que dices Andres, esta en vuestras manos y en toda la organización, pero la gente de RRHH (no trabajo en este sector aunque sería cuando menos curioso ponerme en su piel) tiene mayor peso para guiar y que la vida social 2.0 no desvirtue la validez de una persona para x o y puesto de trabajo.
    Si bien es cierto, las redes sociales pueden encajar en estereotipos a los futuros empleados pero pienso que la libertad de expresión debe primar ante todo y en todos lados, incluso podríamos hablar de invasión de la privacidad; cual voyeur espía por su ventana a los vecinos; ya que la mayoría de los perfiles en ciertas redes son privados y/o limitados a personas de un circulo cercano, aunque esto no sea así y haya empresas dedicadas e indagar todo… absolutamente todo, este es sin duda un cáncer que no deja paso a lo “bonito”, a la “sorpresa” de haber encontrado un diamante en bruto simplemente por haber tenido la habilidad de leer a esa persona en una entrevista persona o una dinámica de grupo, para mí técnicas y estrategias más validas que indagar e intentar conocer que hace el individuo en cada uno de los minutos de su vida sin saber si quiere el ¿por qué lo hace?…
    Saludos,

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